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El fenómeno conocido como globalización ha estado desarrollándose
durante décadas, pero su velocidad ha aumentado y su alcance se
ha ampliado por el efecto de las nuevas tecnologías de la información.
Estas tecnologías están reforzando la importancia que tienen
el conocimiento y la información en la transformación económica,
al tiempo que reducen la importancia relativa del desarrollo manufacturero
e industrial tradicional basado en la materia prima. En las zonas urbanas
este fenómeno se ha manifestado en el crecimiento del sector de
servicios, tanto en términos absolutos como relativos. La tecnología
ha aumentado el papel económico y la importancia, ya de por sí
predominantes, de las zonas urbanas, no sólo en las economías
más desarrolladas sino en todo el mundo (Economist 2000, World
Bank 2000), indicio de la importancia creciente de las ciudades en la
economía global. En India, el desarrollo de software y de servicios
de información y comunicación conexos constituye el sector
preponderante en el crecimiento económico. Este nuevo sector de
crecimiento, que se ha expandido con mayor rapidez y ha alcanzado mayor
competitividad que ningún otro sector industrial tradicional en
el país, se concentra en grandes zonas urbanas debido a la infraestructura
y a los niveles de educación superiores de los recursos humanos
facilitados en las ciudades.
En la década de los años setenta comenzó
una nueva fase de globalización con la desregulación de
los mercados de trabajo, la liberalización de los mercados financieros
y la privatización de las funciones gubernamentales. Uno de los
resultados de esta tendencia fue la mayor competencia para la inversión
extranjera directa, lo que propició que los empleadores pudieran
cambiar con mayor facilidad la ubicación de sus plantas de producción,
condición que empeoró la seguridad del empleo y el ingreso
en algunas zonas urbanas mientras que otras se vieron beneficiadas.
Entre el decenio de los setenta y mediados de los noventa, algunos países
asiáticos recibieron claros beneficios de este desarrollo, por
lo que mostraron un espectacular crecimiento económico y aumento
de su bienestar general. Sin embargo, durante el periodo de 1997 a 1998
la crisis en Asia no sólo golpeó a estas economías,
sino también a algunas de otras regiones. El efecto humano de la
crisis fue severo; la pobreza aumentó en Asia y hubo despidos masivos,
en particular de mujeres, jóvenes y trabajadores no capacitados.
La crisis asiática mostró que las zonas urbanas son altamente
vulnerables a los efectos económicos globales. Si bien la globalización
con frecuencia ha aumentado las oportunidades de empleos y conocimiento,
también ha incrementado la desigualdad social y la pobreza. Las
ganancias no se comparten de manera equitativa, lo que ocasiona que enormes
grupos humanos vivan en barrios de viviendas precarias en los países
en desarrollo, sin acceso al agua y a los servicios sanitarios, además
de generar desempleo, problemas de salud y exclusión social del
mundo desarrollado (UNCHS 2001b).
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