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A partir de 1972 se ha notado en América del Norte un calentamiento
considerable del clima, que refleja una tendencia mundial. Aproximadamente
la mitad del aumento promedio de la temperatura de la superficie registrado
en América del Norte durante el último siglo, es decir más
de 0,6° C, se produjo a partir de fines del decenio de 1970 (véase
el gráfico). América del Norte emite más gases de
efecto invernadero que ninguna otra región, y aunque su población
sólo alcanza al 5 por ciento de la población mundial, sus
emisiones representaban casi el 26 por ciento de las emisiones antropógenas
de CO2 en 1998 (Marland, Boden y Andres). América del Norte posee
una de las economías que consume más energía en el
mundo. El sector del transporte es la mayor fuente de emisiones de CO2:
en 1995 era responsable del 30,1 por ciento de las emisiones de Canadá,
al par que, en 1993, los automóviles y camionetas eran responsables
de más del 20 por ciento de las emisiones de CO2 en Estados Unidos
(Glick, sin fecha). En 1997 el sector del transporte de Estados Unidos
era la fuente de aproximadamente el 5 por ciento del CO2 antropógeno
emitido en el mundo y consumía más de un tercio de la energía
usada en el mundo para transporte (NRC 1997, OMeara Sheehan 2001).
Las dos fuertes conmociones que afectaron los precios
del petróleo en los mercados mundiales durante los años
setenta ayudaron a hacer más consciente el hecho de que el petróleo
no es un recurso renovable. En esa época se adoptaron normas relativas
a las carrocerías, los motores y el rendimiento del combustible
en los nuevos automóviles de pasajeros a fin de favorecer el ahorro
de energía, y tales normas se hicieron más estrictas en
el decenio de 1980 (OECD 1996, CEQ 1997). Sin embargo, una combinación
de factores conspiró para que aumentara el uso de energía
durante ese decenio. El avance hacia la eficiencia en el uso total y per
cápita de energía se hizo más lento y las emisiones
de CO2 continuaron aumentando (CEQ 1997, EC 1997, OECD 1998).
Los nuevos esfuerzos que se hicieron con posterioridad a los compromisos
asumidos en la UNFCCC tampoco lograron refrenar las emisiones de CO2 en
los años noventa. En 1998, dichas emisiones estaban un 14 por ciento
y un 11 por ciento por encima de los niveles de 1990 en Canadá
y en Estados Unidos respectivamente (US EPA 2000ª, SRP 2000). La
producción de energía renovable a partir de fuentes hidroeléctricas,
eólicas, solares, de biomasa y geotérmicas está aumentando,
pero su contribución representa todavía sólo una
pequeña fracción de las necesidades energéticas,
y sólo alcanza a satisfacer aproximadamente el 7 por ciento de
la demanda interna de energía en Estados Unidos (US EIA 2001).
En el sector del transporte, los avances logrados en la utilización
eficiente de la energía por parte de los automóviles y en
el control de emisiones se han visto menguados por el aumento en el número
de automóviles y en las distancias recorridas y por la tendencia,
visible desde 1984, al uso de camionetas y vehículos todo terreno
(CEQ 1997, EC 1998a). Por ejemplo, entre 1990 y 1995 hubo en Canadá
un aumento del 15 por ciento de los viajes en automóvil, una disminución
en el uso de transporte urbano y un aumento del 6 por ciento en el consumo
total de combustibles fósiles (EC 1998b). En 1994 casi el 60 por
ciento de los hogares tenía dos o más automóviles,
y el 19 por ciento tenía tres o más (De Souza 1999). El
estacionamiento barato y otras formas de subvención oculta, como
los fondos para el desarrollo de carreteras y los bajos precios de los
combustibles, han alentado la dependencia respecto de los automóviles
(Miller y Moffat 1993, EC 1998a).
De acuerdo con el Protocolo de Kioto, Canadá acordó reducir
sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 6 por ciento y Estados
Unidos en un 7 por ciento con respecto a los niveles de 1990, durante
el período comprendido entre 2008 y 2012. Pero a comienzos de 2001
Estados Unidos anunció que la implementación del tratado
de Kioto sería demasiado perjudicial para su economía y
que explorarían otras vías para hacer frente a los cambios
climáticos (US EIA 2001). En la conferencia de la UNFCCC realizada
en Bonn en julio de 2001 se logró un compromiso que permitía
usar como crédito el carbono absorbido por los bosques para compensar
las emisiones de carbono. Este compromiso le permitiría a Canadá
alcanzar más del 20 por ciento de sus metas utilizando dichos créditos
(MacKinnon 2001).
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