La región antártica |
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Las
zonas libres de hielo de la Antártida representan menos del 2 por ciento
de la superficie terrestre total del continente. Esa zonas se encuentran
en buena parte en el litoral continental (particularmente en la zona de
la Península) y en las islas al sur de 60º. Las zonas libres de hielo son
sitios biológicamente activos a los que se puede acceder de forma relativamente
fácil. Por lo tanto, allí se concentran cada vez más actividades humanas
e infraestructura. Las amenazas que se ciernen sobre la Antártida surgen
de esa actividad humana, y las que enfrentan las láminas de hielo provienen
de las repercusiones de dicha actividad y, más que nada, del cambio climático
mundial.
Los riesgos asociados con los usos humanos de las zonas libres de hielo se relacionan con una posible contaminación local por causa de derrames de petróleo, vertido de productos de combustión y aguas residuales, desaparición del hábitat, modificación del terreno, alteración de la fauna y flora silvestre debido a operaciones y presencia humana, y la introducción de especies exóticas y enfermedades. Sin embargo, hasta ahora se conoce poco sobre la trascendencia acumulativa y a largo plazo de esos impactos. Actualmente, existen 70 estaciones de investigación en la Antártida;
la mitad opera durante todo el año y casi la mitad está
ubicada en la región de la Península (COMNAP 2000b). Unas
pocas están instaladas en zonas cubiertas de hielo. La mitad de
las estaciones operativas al presente se construyó antes de 1970.
Además de esa actividad científica, el turismo también
está aumentando en la Antártida. El hielo cubre el 98 por ciento del continente antártico. El balance másico de ese manto de hielo antártico es de importancia mundial, especialmente dado el efecto que tiene el deshielo en el nivel del mar. La masa de hielo está creciendo sobre la mayor parte de la Antártida Oriental aunque las regiones litorales tienden a estar próximas al balance con ciertas pérdidas alrededor de algunas de las grandes barreras y corrientes costeras de hielo (Budd, Coutts y Warner 1998). Por ende, las masas de hielo de la Antártida están aumentando y no disminuyendo a nivel continental (Vaughan y otros 1999). No obstante, las barreras de hielo de la Península Antártica se siguen desintegrando a causa del calentamiento regional. Se observó una pérdida de superficie total de 6.300 km2 en la barrera de hielo de Larsen entre 1975 y 1998 (Skvarca y otros 1999) y desaparecieron otros 1.714 km2 durante la temporada 1998-1999. El desprendimiento de icebergs concuerda con el calentamiento mundial pero no lo demuestra. Sin embargo, no se prevé que el deshielo de las barreras de hielo marginales en la Península Antártica tenga repercusiones significativas y directas en el nivel del mar (IPCC 1998). |
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